sábado, 18 de octubre de 2008




-¿Y porqué no te fuiste?¿Por que no huiste de mí cuando podías, si eso era lo que deseabas?

-Lo intenté, pero no pude.Realmente nunca lo deseé. Tu fuiste mi oscura obsesión, te sentía cada vez más cerca de mi corazón, un corazón que nunca latió hasta que te conoció. Sentirte cerca de mí, me hizo sentir vivo por primera vez en mi vida.

Tú eras lo que necesitaba, tú eres la razón de toda mi existencia. ¡Al fin! He encontrado una razón para ser feliz en este mundo, y esa razón, siempre serás tú.

domingo, 7 de septiembre de 2008

CHICO MISTERIOSO

-¡Eh! Cuidado tía. No quiero desparramar toda la cerveza por mi vestido-decía casi gritando Marisa.

Marisa siempre había sido mi mejor amiga, desde siempre diría y, juntas habíamos acabado el bachiller, íbamos a estudiar en la misma universidad y juntas íbamos ha pasar el peor momento de nuestra vida. Marisa siempre era muy alegre, confiaba en si misma, derrochaba simpatía por todos sus costados, pero algunas veces, podía llegar a ser muy irritante.

-¡Tranqui! ¡Tranqui!. No desparramaré la cerveza por tu querido vestido- hablaba Elena medio enfadada medio borracha- ¿oye estáis seguras de que vamos por el buen camino? Quiero decir, si estáis seguras de que es por aquí a donde se llega a la fiesta de Esteban.

Elena, era la típica chica que nunca se preocupaba por nada, nunca la habíamos visto llorar, ni siquiera el día que su novio, con el que llevaba saliendo durante un año, la dejó en su cumpleaños, rodeada de todos sus amigos. Ni siquiera aquel día había llorado. Elena estaba harta de sus padres, harta de sus estudios, harta de sus novios, de sus ex, de sus amigas en algunas ocasiones y todas sabíamos que las cosas que hacia, eran simplemente para llamar la atención, por muy despreocupadas o alocadas que pareciesen.

-¡Joder! ¡Pareces tonta tía!-me preguntaba si no había sonado demasiado borde- ¡si me conozco este camino como la palma de mi mano! Tranquila que llegaremos –le decía, cariñosamente.

Necesitaba que Elena se callara, de una puta vez. Estaba todo el día hablando, que si esto, que si lo otro, ¡dios! Era demasiado estresante para mí. Siempre me había caracterizado por mi comportamiento malhumorado en muchas ocasiones. Me gustaba el silencio, me encantaba poder oír mis pensamientos palpitar en mi cerebro, adoraba pasarme horas encerrada en mi habitación con la luz apagada oyendo sólo a mi cabeza. Me gustaba estar sola, sin dar explicaciones de lo que hacía o dejaba de hacer. Aunque vivía con mis padres, ellos siempre habían comprendido mi comportamiento, y lo respetaban, me dejaban a mi aire, sin agobios, sin presiones.

-Vale- dijo con resignación- Pero no aceleres tanto, creo que te estas pasando un poco.
-¿Que deje de acelerar? Ni de coña. Sofía, dale más caña a este trasto que tenemos que llegar en menos de lo que canta un grillo. Jajá jajá-Podía oír la voz de Marisa retumbar en mis oídos.
-Tranquila Elena, no voy rápido. Además por esta carretera apenas pasan coches- Ni siquiera yo me lo creía.
-¡Oye! ¿Habéis oído lo de Carlos?-Ya estaba la cotilla de Marisa otra vez.
-¿Y qué pasa con Carlos? Si se puede saber- ¿Qué cojones me importaba a mi lo que le pasará a ese imbécil.
-Su padre, le pilló la semana pasada con Marihuana. ¡El muy imbécil! Su padre lo ha enviado a un internado en Escocia, no se exactamente donde es, pero creo que es uno de los más estrictos que existen.
-Jajajajajajajaja -Me reí con ganas, como si nunca me hubiese reído- Que se joda, ¿A quién se le ocurre, fumar un canuto en casa? Jaja.

Carlos me caía realmente mal, demasiado mal diría yo. No soportaba ni que se acercara a mí, ni siquiera que respirara el mismo aire que yo. Era realmente repelente, absurdo, idiota, y un montón de sandeces más. Mi repugnancia hacia él había comenzado el mismo día que decidió hacer una apuesta con unos de sus amigos, para ver quien se ligaba primero a Marisa. Desde ese momento no podía ni verlo .Buag
-Me estaba preguntando…
-¿Qué pasa ahora Elena?- ¡Dios! ¿Por qué a mí? .
-El chico del otro día…
-¿Qué pasa con el chico del otro día?- ni siquiera sabía a qué diablos se refería. Muchas veces hacia falta un diccionario de preguntas enrevesadas que Elena te puede hacer al cabo del día, para poder entenderla.
-El chico este, que estaba afuera de la discoteca. ¿Te acuerdas?-Joder que no, que no sé de quién me hablas- el que no dejaba de mirarte cuando saliste y hablaste con Mateo.
-Si, me acuerdo de él- ¡Y claro que me acordaba! No podía dejar de pensar en él. Sus ojos oscuros como la noche, me habían cautivado, pero a la vez estremecido. Era distinto a todos los tíos que había conocido, bueno en realidad no había estado con muchos chicos, la verdad es que ninguno me había enamorado, jamás. Siempre les ponía pegas, aunque fueran los tíos más guapos que una se podría imaginar. Pero el chico misterioso, mi chico misterioso, era distinto. Aquel día, vestía con unos pantalones vaqueros desgastados, un jersey gris y una chupa de cuero que quitaba el hipo. Era moreno, el pelo de color castaño claro, con reflejos dorados, alto, buena musculatura. Tenía un cigarro en la mano derecha, mientras que la izquierda la tenía metida en el bolsillo de su pantalón. La verdad, es que no sabía quién era, nunca en mi vida lo había visto, y la verdad es que era raro no conocer a un chico en este pueblo de mierda. Vivía en Sunday, sí lo sé, ¿quién cojones le pone un nombre de semana a un pueblo?. Sunday no era demasiado grande, tendría como mucho unos 120 habitantes, y todos nos conocíamos. Por eso me resultaba extraño haber visto a aquel chico. Sin embargo, eso me encantaba, y me producía un cosquilleo en el estómago.

-Bueno la cosa es que, bueno ya sabéis. Le pregunte a Esteban si lo conocía de algo, pero me dijo, que nunca le había visto por el pueblo. Al principio pensó que era amigo de Carlos y estos, pero resulta que al tío este no lo conoce ni dios. Y parece ser….
-¡Ya estamos!-Dios era insoportable, siempre tenía que andar divagando sobre la gente que no conocía-¿Qué más dará de quién es amigo?
-Haber, ¡me vas ha dejar hablar ¡o ¿qué? Como decía, parece ser que el tío este, no venía sólo, parece ser que vino con dos chicas y otro tío más. Según Esteban una de sus amiguitas estaba buenísima.

¡Mierda!-se oía decir a Marisa mientras observaba por la ventana- ha empezado a llover.
-Joder. ¿Y ahora te das cuenta? ¡Si lleva lloviendo durante una hora!

De repente se había hecho el silencio. No se oía nada más que las gotas de lluvia caer por el parabrisas de mi coche. Yo sabía, estaba casi segura, de que mi chico misterioso, tenía novia. Claro, ahora todo se aclaraba, ¿Cómo podía un tío como ese, haberse fijado en alguien como yo? Yo era una chica normal, no muy alta, delgada, mi pelo tenía un simple color castaño, y mis ojos eran marrones, de un marrón común, nada del otro mundo, aunque según muchos/as mis ojos era lo más bonito que tenía. Son rasgados aunque no mucho, sin embargo era de las pocas que con una simple mirada podía hacer que alguien dejara de hacerme preguntas estúpidas o simplemente se callara. En una ocasión Esteban me había dicho, que con una simple mirada podía cautivar el corazón de un hombre, muy halagador por su parte, pero qué se podía esperar de alguien que siempre estaba al acecho. Sin embargo ni mis ojos, ni yo misma, habíamos sido capaces de hacer que el chico misterioso se dignase a saludarme o simplemente acercarse a mí.

-¡CUIDADOOOOOOO!-.La voz de Elena retumbo en mis oídos, como si de una hormigonera se tratara. Al principio no me di cuenta de que se trataba, ni siquiera sabía porqué había gritado cuidado, pero de repente me di cuenta.

Ahí estaba ella, una chica no muy alta, delgada, rubia, con signos claros de haber sido atropellada por un coche o de haber sido agredida por lobos o cualquiera otra especie de animal que corría por estos bosques. Se hallaba en medio de la carretera, moviendo los brazos de un lado para otro sin parar, daba gritos, saltaba, se movía de derecha a izquierda. Llevaba un vestido blanco, aunque del fango que llevaba la pobre encima parecía más que blanco de un color marrón apagado.
Y ahí estaba yo, indecisa, sin saber que hacer. Por instinto di un volantazo, mientras frenaba al mismo tiempo que pisaba el embrague. Íbamos a demasiada velocidad, el coche se había descontrolado, no lograba enderezar la dirección del coche. Mientras , mis amigas no paraban de gritar, creo que sabían como yo , que íbamos a morir, sabían tan bien como yo , que era imposible enderezar la dirección del coche dada la velocidad con la que había frenado. Me iba contra el quitamiedos de la carretera, y ahí estaba nuestro final. El quitamiedos separaba la carretera de un acantilado, el acantilado de la muerte, ¡qué bonito nombre! ¿Verdad?
Pero algo ocurrió, no sabia cómo, pero logré enderezar el coche y frenarlo hasta pararlo. Mi corazón estaba apunto de salírseme del pecho, me retumbaba la cabeza, y mis piernas temblaban tanto que pensé que el pueblo sufriría un terremoto a causa de ello.
Me miré las manos, temblaban demasiado, parecía que tenía la enfermedad del parkinson en un estado muy avanzado. No sabía que hacer, me había quedado bloqueada. Pequeñas gotas de agua salada cayeron por mi cara. Pensé en un primer momento que estaba muerta, en eso consistía la muerte, en creer que te habías salvado de un final trágico y quedarte bloqueada para siempre mirando la carretera a través del parabrisas del coche. Pero no, no estaba muerta, me dolía demasiado el brazo derecho como para estar muerta, además¿ no se suponía que cuando una esta muerta deja de sentir dolor alguno?

-¿Estáis bien?-. Chicas, ¡No me asustéis!-esa era la voz de Marisa. Realmente era Marisa o era mi mente que me jugaba malas pasadas.
-Sí estoy bien. Creo que no he muerto todavía-No, realmente no podía estar muerta, podía oír la voz de Elena en mi cabeza.
-¡Sofía! ¡Sofía!.
-¿Qué?-Logré decir.
-¿Estáis bien chicas?-Era ella. Las tres nos habíamos vuelto para poder verla de cerca, ella era la causante de que casi nos matásemos, de que casi por un segundo cayésemos al barranco.- Casi os caéis por el precipicio.
-Ja, ja, ja. Me parto de risa. Se puede saber, si no es muchos pedir, ¿qué cojones hacías tu en mitad de la carretera?- le decía, mientras me bajaba dando tumbos del coche, mientras que con la mano derecha me sujetaba la cabeza, con el fin de que no me cayera.
Me acerqué para poder verla más de cerca, era imposible, hace un minuto estaba llena de fango y con un vestido blanco. Ahora, vestía con unos pantalones negros, camiseta blanca y una torera gris. Tenía un collar con una especie de sello, no lo podía ver demasiado bien, debido a la sofocación que tenía en el cuerpo, pero podía jurar, estaba segura, pondría la mano en el fuego y no me quemaba de que ella no era la chica que estaba en medio de la carretera, o ¿Quizás la había visto mal mientras procuraba no estamparme contra el quitamiedos?

-Esto…mi colega y yo estábamos paseando por el bosque, cuando se tropezó y callo. Se encuentra mal, y cuando oí un coche decidí ponerme en medio de la carretera para que alguien nos ayudara.
-¡JODER! Pues la próxima vez, que decidas hacer eso, no te pongas en medio de la carreta, lunática de mierda-Elena parecía realmente enojada.
-Jajá jajá. Si tienes razón, creo que ha sido un poco desconsiderado por mi parte presentarme de esa manera. Me llamo Carol, Carol Freedman.
Siempre había pensado en ella,
Siempre pensé que nunca me alcanzaría,
Siempre imagine vivir, no eternamente,
Pero si por muchos años.


Aunque en el fondo, muy en el fondo,
Sabía muy a mi pesar,
Que el día de mi muerte llegaría antes
De lo que nadie se podría imaginar.